Si no estás familiarizada con las menudencias del amamantamiento, no te sientas mal. Una explicación siempre vendrá bien. Idealmente, tu bebé comenzará a mamar poco tiempo después del nacimiento (la AAP recomienda hacerlo una hora después, cuando el bebé está más despierto). Durante los primeros días, los pechos producen calostro, una sustancia previa a la leche, que es fácil de digerir para el bebé. Es bajo en grasa pero posee un alto valor nutricional que le proporcionará al bebé abundantes carbohidratos, proteínas y anticuerpos. El calostro también tiene un efecto laxante, que ayudará a superar las primeras deposiciones del niño. En esta etapa, es importante una alimentación frecuente, de 8 a 12 veces en un período de 24 horas, tanto para el bebé como para la madre. Sólo así se estimulará la producción de la leche.
Para amamantar, se debe sostener al bebé en una de las cuatro posiciones básicas (un especialista en lactancia o una enfermera puede mostrar dichas posiciones). Quedará directamente enfrentado al pecho, el cual deberá sostenerse con una mano, con el pulgar sobre la areola y los dedos y la palma debajo de él. Entonces, habrá de llevarse la boca del bebé hacia el pezón, atizando sus labios o cachetes con el mismo para estimular su reflejo de succión. Después, deberá presionarse el pezón contra el paladar del bebé para que éste empiece a mamar.
Los tres o cuatro días posteriores al nacimiento del bebé, la leche "baja"; momento en el cual los pechos pueden sentirse llenos, con frecuencia al punto de la obstrucción. Esto puede resultar muy doloroso. Para aliviar la congestión lo más aconsejable es amamantar, aunque puede ser que los pechos estén demasiado llenos como para que el bebé los manipule. Se pueden hacer más manejables sacándoles un poco de leche.
Hay que tener en cuenta que después de que baja la leche, todavía pueden necesitarse varios minutos de succión para que ésta comience a fluir. El propio bebé mamando (o como alternativa, la acción succionadora de un sacaleches) es lo que estimula el reflejo de "bajada", permitiendo que la leche fluya. La mayoría de las mujeres alternan los pechos para que el bebé mame de ambos durante una misma ingesta.
Por lo general, durante las primeras seis semanas de vida, los bebés se alimentan cada dos o tres horas.