Lo que ocurrió después, probablemente salvó mi vida. Uno de mis hermanos hizo una cita para obtener una segunda opinión en el Memorial Sloan-Kettering Center de Nueva York, a la que acudí el día después de Acción de Gracias. La oncóloga del centro, la doctora María Theodoulou, fue muy cálida, comprensiva y franca acerca del rumbo que habían elegido para mi caso en el estado en el que vivía (Florida). "No puedes pasar solamente por quimioterapia y radiación", comentó. "Los márgenes no están muy claros y todavía mantienes el cáncer en tu pecho. Ese cáncer volverá convertido en un monstruo." Entonces, programó una segunda cirugía en el Sloan-Kettering.
Esta misma doctora también tenía una noción progresiva de cómo debería ser administrada la quimioterapia. Yo quería tratarme en la Florida porque era en donde vivía con mi hija, así que ella decidió hablar por teléfono con mi oncólogo y le dictó un tratamiento intensivo inusual, cada dos semanas en lugar de cada tres, con el apoyo de una droga para que no fallara mi sistema inmunológico.
Todos sabemos que se presentan náuseas durante la quimioterapia. Lo que no todos sabemos es que aunque tomes drogas para controlarlas, te sientes muy enfermo. Llegué a la conclusión de que no puedes envenenar lentamente a otro ser humano sin hacer que esa persona sienta que está siendo envenenada. Si es lo suficientemente tóxico para matar a las células del cáncer, lo es también para hacerte sentir que te estás muriendo.
Finalmente, decidí someterme a la radiación en Nueva York y el segundo tratamiento de quimioterapia en un centro de primera categoría que trataba mi enfermedad. Dios me otorgó la resistencia con la ayuda de mi amiga Joanny, quien me abrió las puertas de su hogar en Nueva York y me llevó a los tratamientos diarios de radiación en el Sloan-Kettering. Joanny y su amiga Marlene, quien también me abrió su casa sin cuestionar, serán siempre mis heroínas. Junto con la doctora Theodoulou y todo su equipo del Sloan-Kettering, me devolvieron la vida que estaba a punto de perder.
Hoy soy una sobreviviente de seis años y medio. Actualmente, el cáncer de mama se puede vencer.