Me gustaría decir que no hay nada bueno acerca del cáncer de mama, pero no es verdad. Recuerdo estar sentada en una sala de espera del Memorial Sloan-Kettering Cancer Center de Nueva York, conversando con otra mujer que lucía un turbante acerca del tratamiento para el cáncer de mama. Hice un chiste tonto sobre sentirse culpable de algo. Ella cerró los ojos y sacudió su cabeza categóricamente: "No, nunca más", dijo con convicción. "Me niego a sentirme culpable".
El cáncer de mama te enseña a dejar a un lado las tonterías. Gradualmente comienzas a ver lo estúpido que resulta preocuparse de que la casa esté limpia por si alguien pasa sin aviso para inspeccionarla. Y lo destructivo que resulta sentirse culpable por no haberle entregado a los niños el dinero para el almuerzo. Todo resulta hermoso comparado con la enfermedad. Vamos a morir algún día y cuando llegue el momento, necesitaremos saber que pasamos nuestras vidas haciendo algo más importante.
Mi diagnóstico fue casi un accidente. Yo era una de esas damas vertiginosas que ni iba al ginecólogo ni me hacía una mamografía. Mi abuela había sufrido cáncer de mama a los 80 años y yo sólo tenía 47. No sabía que el cáncer de colón de mi madre me situaba en un riesgo aún mayor, ya que las dos poseemos algunos genes en común.
La única razón por la cual acudí al ginecólogo después de siete años, fue porque había perdido mi trabajo y quería hacerme todos los controles médicos necesarios antes de que expirara mi seguro de salud. Amo la ironía de decirle a todo el mundo que el hecho de ser despedida salvó mi vida. El ginecólogo notó un bulto muy grande, de aproximadamente seis centímetros, en mi seno derecho. Y he aquí lo que necesito que todas las mujeres escuchen: no tenía el aspecto de lo que siempre imaginé que era un bulto, redondo y duro. Era tan sólo un área indefinida de piel que parecía un poco más dura que la zona circundante.
Se nos puede decir que examinemos nuestros senos buscando bultos pero el problema surge cuando un "bulto" significa una cosa para los especialistas y otra para nosotras. Tal vez todas deberíamos practicar en un maniquí.